Voy a empezar por el dato que casi nadie pone sobre la mesa.
En 2025 Ecuador recibió 7.729 millones de dólares en remesas: récord absoluto, cerca del 6 % del PIB y un 18 % más que el año anterior. El 77,8 % vino de Estados Unidos. Azuay recibió 940 millones solo entre enero y septiembre, y junto con Cañar cuadruplica el promedio nacional por habitante.
Y según los estudios disponibles sobre el destino de ese dinero: alrededor del 41 % se va en consumo y supervivencia, un 21 % en educación y un 12 % en vivienda. Cerca de tres cuartas partes, en necesidades básicas.
La inversión productiva ni siquiera aparece en las estadísticas. Ese es el hueco entero.
Dónde se pierde el dinero del que vuelve
1. El negocio del pariente
Es el patrón número uno. Llegas, tienes capital, y aparece el familiar con “una oportunidad”. Tú pones la plata, él pone la idea y el trabajo. Nadie firma nada porque “somos familia”.
Yo perdí un negocio exactamente así. Socios de familia, envidias y celos que ningún contrato arregla —porque no había contrato—. Y aprendí que la familia puede ser el peor socio posible, precisamente porque no le puedes decir que no.
2. Comprar un negocio “que ya funciona”
Compré un spa en Medellín que funcionaba, lo moví a otra ciudad y perdí mucho dinero. Aprendí que un negocio que funciona no significa que vaya a funcionar contigo, ni en otro lugar. Lo que funcionaba era la ubicación, la clientela y el equipo, no el letrero.
3. El local antes que el mercado
Se firma el arriendo, se remodela, se compra el equipo… y después se pregunta si hay clientes. Ese orden es carísimo y es el más común.
4. El socio con visión y sin capital
Fundé una agencia de viajes en Bogotá con un socio. Aprendió el negocio y montó el suyo. Perdí cerca de 25.000 dólares. Un socio que aporta ilusión pero no dinero, y una contabilidad que nadie mira, cuestan siempre lo mismo: todo.
Cómo se decide bien
No con optimismo. Con tres números:
- Cuánto necesitas de verdad — inversión inicial más el colchón para sostener los meses en que no vas a vender lo que crees.
- En cuánto lo recuperas — punto de equilibrio: cuántas unidades o clientes al mes hacen falta solo para no perder.
- Qué puede matar el negocio — el riesgo que si ocurre, no hay plan B.
Y una cuarta cosa que no es un número: las reglas entre socios, por escrito, antes de poner un dólar. Quién pone capital, quién pone trabajo, cómo se reparte y qué pasa el día que uno se quiera ir.
Porque he perdido dinero en mis propios negocios y por eso sé dónde se pierde. Llevo desde 2013 con mi propia agencia de viajes en Cuenca, he trabajado y capacitado en nueve países, y también he enterrado proyectos que parecían seguros.
Cuando te digo que una idea no va, no es pesimismo: es memoria.
Antes de volver, ordena el trámite
Si todavía estás afuera, revisa qué te da el retorno y cómo funciona el menaje de casa. Pero no confundas una cosa con la otra: el trámite lo resuelves una vez; la decisión de inversión te acompaña años.